Martes, 14 Abril, 2026

La tradición del repollo

Una hortaliza muy versátil que se puede encontrar especialmente durante los meses de otoño e invierno.

Cuando llega el frío, las coles toman protagonismo para preparaciones como sopas, al horno o en ensaladas.

De nombre científico Brassica oleracea var. capitata, el repollo es una planta comestible de la familia de las Brasicáceas, cuyas hojas lisas forman un característico cogollo compacto.

También se lo conoce como “repollo blanco”, para diferenciarlo del repollo morado, variedad conocida también como “lombarda”.

Según el Departamento de Estadística y Transparencia del Mercado Central, a los pabellones de venta mayorista ingresan, en promedio anual, 6.901,05 tn. de repollo desde Buenos Aires (74,65%), Mendoza (14,24%), Mar del Plata (10,55%) y Santa Fe (0,56%)

Si bien hay repollo durante todo el año, el mejor momento es entre los meses del otoño e invierno, sumado a las demás variedades de coles, como el repollito de Bruselas, la coliflor o el brócoli.

En fresco y cocinado, el repollo no sólo es delicioso, sino que es una fuente de vitamina A, vitamina C y folatos, que intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos. Este producto es uno de los más consumidos debido a su versatilidad a la hora de realizar preparaciones.

Las variedades de repollo son dos: las tempranas, que maduran en cincuenta días y producen cogollos pequeños y se destinan al consumo inmediato, ya que no resisten el almacenamiento. Y las tardías, que maduran a los ochenta días, producen cogollos de mayor tamaño y se destinan a la provisión invernal. Los tipos de repollo son tres: blanco, morado y crespo.